“Mejor me la juego”: la Gen Z y los seguros

Provy Gen Z

La generación Z es la más conectada del mundo, pero evita dar un paso de seguridad financiera básica: asegurar sus bienes.

No les tiembla el pulso a la hora de desembolsar más de un millón de pesos en un iPhone ( el modelo más austero, por ese precio). Y sin embargo… el pago de una prima mensual de 13 mil pesos para asegurar su smartphone les parece tan inverosímil como darse de baja en el gym… o en Netflix. 

¿Ignorantes de la inseguridad? ¿Optimistas incurables?… “Salió en la tele”, aseguran sus abuelos, que tienen prendido el noticiero todo el día y se ufanan de conocer todos los episodios delictivos que se exhiben en el prime time de la tele, ese formato que tercamente se empeña en sobrevivir. Pero no es desconocimiento ni falta de interés: una encuesta casera revelará que casi a todo Gen Z alguna vez le robaron la compu o el celu. O al menos conoce a alguien cercano que fue víctima de un robo de estas características. Sin ir más lejos, los tres millones de seguidores en Instagram de Alex Pelao ( “Pelao Khe”, en las redes) saben que a este tiktoker cordobés le robaron tres veces la bici. 

“Prefiero jugarmela que pagar un seguro para mi teléfono”, dice Laura, de 24 años, que paga religiosamente su abono a una plataforma de streaming de música y “los datos” que le permiten estar conectada las 24 horas del día. Sabe muy bien que, sin celular, ya no podrá escuchar a Luck Ra sin interrupciones ni usar Instagram como motor de búsqueda para los hauls de belleza que tanto le gustan. Y sin embargo, apuesta al riesgo frente a otras inversiones -más ¿tangibles?- como la suscripción a Claude o la app que le indica cuantos burpees hacer en su rutina diaria.

Sí, los sociólogos y psicólogos se han cansado de decirlo: el cerebro de estos jóvenes nacidos entre 1997 y 2012 prioriza la satisfacción inmediata sobre riesgos futuros abstractos. Pagar una prima mensual por algo que “quizá nunca pase” se percibe como un derroche, no una inversión. Además, sobre la Generación Z sobrevuela una ilusión de control: los accidentes, las enfermedades y robos le suceden “a otros”, no a quien anda con el celular pegado todo el día, como si fuera una extensión de su mano.

A todo este cóctel juvenil se le suman economías emergentes como la argentina en la que una póliza para proteger un monopatín se percibe como un gasto superfluo frente a necesidades más urgentes como tener series para maratonear o pagar el Rappi que trae la cena. A su vez, mientras los reyes del metaverso postean tips para invertir en criptomonedas, ignoran el seguro como herramienta básica de planificación patrimonial. Y si llegan a mencionar las protecciones para hogar o contra accidentes personales es para amplificar historias sin final feliz, en las que las aseguradoras son las malas de la película, con trámites eternos y negativas a cubrir siniestros.  ¿La percepción generalizada? “El seguro no funciona cuando más lo necesitás”.

El quid de la cuestión “es llegar a este segmento con un producto de funcionalidad simple y velocidad en la contratación, transparencia en las condiciones  (lenguaje claro, sin letra chica) y relevancia del mensaje -hablarle al celu que recién compraron o al departamento que alquilan-”, explica Santiago Villegas, líder de Provy, seguro 100 % online que forma parte del ecosistema de Provincia Seguros.

El desafío es grande. Mientras los influencers sigan ignorando los seguros como categoría de contenido -o peor, construyendo narrativas de desconfianza hacia el sector- la brecha entre el riesgo real y la percepción juvenil seguirá ensanchándose. Y cuando la realidad llegue a cobrar su factura, lo hará sin aviso previo y sin descuento por edad.

La falta de cultura aseguradora en la Generación Z no es un problema de actitud, sino de diseño, comunicación y educación. Las aseguradoras tienen la responsabilidad -y la oportunidad- de reinventarse para un segmento que exige productos tan ágiles y transparentes como los servicios digitales que usa todos los días.